La memoria oral, los saberes campesinos y las tradiciones de las comunidades hoy encuentran un nuevo espacio de preservación a través de la tecnología.
La historia de los territorios no solo permanece en las fachadas antiguas, los documentos archivados o las piezas exhibidas en museos. También vive en las voces de los abuelos, en los relatos de las comunidades campesinas y en los saberes que, generación tras generación, han dado identidad a los pueblos. Sin embargo, gran parte de ese patrimonio inmaterial enfrenta el riesgo de desaparecer con el paso del tiempo si no se generan nuevas formas de preservarlo.
Frente a este panorama, la tecnología y la inteligencia artificial empiezan a ocupar un lugar clave en la protección de la memoria histórica oral. Así lo explicó el doctor Edison Gabriel Fernández Monroy, psicólogo, docente, investigador y líder de la iniciativa TecnoCultura Cundinamarquesa, durante su participación en el programa El Tren de la Mañana de la radio pública departamental.
El investigador señaló que las soluciones para salvaguardar la herencia cultural ya no dependen únicamente de la recopilación física de archivos o del resguardo de monumentos históricos. Hoy, desde las provincias, se construyen iniciativas donde las ciencias humanas, la pedagogía y las herramientas tecnológicas se unen para registrar relatos, costumbres y conocimientos ancestrales que hacen parte de la identidad territorial.
En este proceso, las plataformas digitales dejan de ser simples espacios de almacenamiento para convertirse en escenarios de participación social, donde las nuevas generaciones pueden acercarse a sus raíces y reconocer el valor de las historias que han marcado el desarrollo de sus comunidades.
La iniciativa TecnoCultura Cundinamarquesa ha centrado parte de su trabajo en la provincia de Almeidas, apostándole a una cartografía digital de saberes que permite visibilizar las voces de la ruralidad y conservar relatos que, en muchos casos, solo permanecían en la tradición oral.
De acuerdo con Fernández Monroy, la riqueza cultural de los territorios no está únicamente en sus construcciones o elementos materiales, sino en las experiencias, técnicas artesanales, conocimientos campesinos y narraciones comunitarias que representan la esencia de cada municipio. En ese sentido, la inteligencia artificial aparece como una herramienta capaz de ayudar a organizar, preservar y proyectar esta memoria hacia el futuro.
Más allá de la innovación tecnológica, el propósito de estas iniciativas es permitir que las comunidades encuentren en su propia historia una referencia de identidad y pertenencia, especialmente entre niños y jóvenes que crecen en un entorno cada vez más globalizado.








