Autoridades ambientales suspendieron explotación minera que afectaba el suelo, la vegetación y fuentes hídricas en un área cercana al páramo de Chingaza.
En una montaña de la vereda Tominé de Blancos, en Guatavita, fue detenida una explotación minera quque ya estaba causando daños en el terreno y en el entorno natural. La intervención se dio luego de una inspección en la que se evidenciaron afectaciones directas sobre el suelo, la vegetación y las fuentes de agua cercanas.
Durante el recorrido, los técnicos de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), encontraron que la extracción de material —como arena y recebo— se realizaba a cielo abierto y sin ningún tipo de planeación. El terreno presentaba inestabilidad, con zonas intervenidas sin terrazas ni taludes adecuados, lo que aumentaba el riesgo de erosión y deslizamientos.
La zona afectada abarca cerca de 175 metros cuadrados, de donde se habrían extraído alrededor de 350 metros cúbicos de material. También se confirmó la remoción de cobertura vegetal propia de ecosistemas de alta montaña, con especies como frailejones, puyas y otras plantas características del área.
“Esta actividad genera diversas afectaciones ambientales, como la deforestación, el desplazamiento de especies y cambios en las aguas superficiales por el aumento de material particulado”, explicó Camilo Poveda, director regional de Almeidas y Guatavita.
Además, durante la inspección se observaron pendientes pronunciadas sin manejo adecuado, lo que ha provocado la caída de rocas y movimientos de tierra. A esto se suma la ausencia de obras para el manejo de aguas lluvias, lo que incrementa el riesgo de que sedimentos terminen en quebradas cercanas.
El área intervenida hace parte de una zona de especial importancia ambiental vinculada al páramo de Chingaza, donde este tipo de actividades puede comprometer la estabilidad del ecosistema y la calidad del agua.








