Con la idea de que los mejores recuerdos nacen en buena compañía, Patoneando Colombia nació como un emprendimiento de turismo ecológico y comunitario.
Hay quienes dicen que los mejores viajes no siempre empiezan con un mapa, sino con una buena conversación y la compañía correcta. Bajo esa idea nació Patoneando Colombia, un emprendimiento de turismo ecológico y comunitario fundado el 25 de noviembre de 2024, cuyo nombre tiene origen en una palabra cercana al lenguaje popular colombiano: “patota”, ese grupo de amigos de confianza con quienes cualquier experiencia parece hacerse más memorable.
La iniciativa comenzó a tomar forma entre caminatas, conversaciones sobre el territorio y el deseo de vivir los destinos de otra manera. Lejos de la lógica de los recorridos apresurados, Patoneando propone experiencias donde el trayecto importa tanto como el lugar al que se llega. La apuesta está en caminar, observar y compartir, mientras el paisaje deja de ser un simple fondo para convertirse en parte de la historia.
Cada salida busca algo más que fotografías o listas de lugares visitados. En el camino aparecen relatos de las comunidades anfitrionas, pequeños comercios locales y escenarios naturales que invitan a detenerse por un momento. Para quienes participan, el viaje también implica reconocer las dinámicas de los territorios y acercarse a formas distintas de habitar y comprender el entorno.
Entre los destinos que hoy hacen parte de sus recorridos se encuentran el Páramo de Guacheneque, en Villapinzón; Sutatausa; Cucunubá; las Rocas de Suesca y la Cascada La Chorrera, en Choachí. Son rutas donde el senderismo, los paisajes de montaña y el encuentro con la naturaleza marcan el ritmo de la experiencia. A esto se suman nuevas posibilidades que comienzan a explorarse, como la cascada de Nemostén y el cerro El Tablazo, entre Supatá y Subachoque.
Aunque la propuesta reúne viajeros de distintas edades —desde niños hasta adultos mayores—, el punto de encuentro parece ser el mismo: la curiosidad por descubrir rincones del país en compañía de otros. En un tiempo marcado por la prisa, estas caminatas terminan siendo una pausa, un espacio para conversar, conocer nuevas personas y mirar el territorio con otros ojos.
Quizás por eso, más allá de los destinos, lo que permanece en la memoria de quienes recorren estos caminos son las historias compartidas en el trayecto, el cansancio después de la caminata y la sensación de haber conocido un lugar que, aunque siempre estuvo ahí, parecía distinto cuando se observa sin afán.
Sigue sus próximas aventuras y conoce más sobre esta forma de recorrer Colombia en @patoneando_col.








