Más allá de los paisajes y la tradición cultural, los sabores del territorio se han convertido en un canal para dinamizar la economía, rescatar saberes ancestrales y generar nuevas oportunidades para emprendedores rurales.
Con el crecimiento del turismo gastronómico en el país, Cundinamarca ha fortalecido iniciativas que promueven la cocina tradicional y el uso de productos locales como parte de su oferta turística. Este enfoque busca generar oportunidades económicas en las zonas rurales y mantener vivas las prácticas culinarias propias del territorio.
En la vereda Nescuatá, en Sesquilé, el restaurante El Cordero Sesquileño se consolidó como un emprendimiento familiar que rescata recetas transmitidas por generaciones. Surgido durante la pandemia, su propuesta está basada en preparaciones típicas como la chanfaina y el cordero, elaboradas con productos de la región. Este establecimiento ha participado en espacios como Sabores de Cundinamarca, Expocundinamarca y Expomalocas, donde ha dado a conocer la tradición culinaria del municipio.
Otra experiencia destacada es Embajada Criolla, un proyecto que combina técnicas de cocina tradicional con ingredientes locales y relatos culturales. Su propuesta pone en primer plano el papel del productor rural y la relación entre el territorio y la alimentación.
Estas iniciativas reflejan el papel del turismo gastronómico en el fortalecimiento de las economías locales, la preservación de la identidad cultural y la promoción de Cundinamarca como destino turístico integral.








