Más de 200 tipos de arepas han sido registrados en un recorrido por el país, lo que evidencia la riqueza gastronómica y el legado de las cocinas tradicionales.
Colombia es un país donde la cocina también alimenta la memoria. En cada región, en cada vereda y en cada fogón de leña, se conservan recetas que cuentan historias de origen, resistencia y tradición campesina. Entre estos saberes, la arepa ocupa un lugar central: más que un alimento, es un símbolo cultural que refleja la diversidad del territorio colombiano.
En este contexto surge la labor de José Luis Rivera, cocinero, investigador y narrador visual nacido en Chía, Cundinamarca. Su historia en la cocina comenzó de manera inesperada: siendo mesero, a los 17 años reemplazó a un cocinero ausente y desde ese momento encontró su vocación. A diferencia de muchos, su camino no estuvo marcado por una herencia familiar culinaria, sino por la curiosidad, la disciplina y una profunda pasión por aprender.
A lo largo de su carrera, Rivera ha participado como director gastronómico en importantes producciones televisivas como MasterChef Colombia y MasterChef México, espacios que exigen altos niveles de creatividad y técnica. Sin embargo, su verdadero interés va más allá de la cocina mediática: está en las raíces, en lo cotidiano y en las manos de quienes mantienen vivas las tradiciones.
Actualmente, José Luis Rivera recorre Colombia con una herramienta sencilla pero poderosa: su celular. Con él documenta los saberes de las cocinas populares, registrando recetas, historias y técnicas que han sido transmitidas de generación en generación. Su proyecto más ambicioso hasta ahora es el primer gran registro en territorio de más de 200 tipos de arepas en Colombia, una iniciativa que busca visibilizar la enorme riqueza cultural y gastronómica del país.
“Estoy apuntándole a registrar un folio ante la UNESCO para declarar la arepa de Colombia como patrimonio cultural inmaterial de la comunidad, porque no es solo comida, es identidad, historia y tradición viva”.
Este trabajo no solo resalta la diversidad de ingredientes y preparaciones, sino que también pone en valor el conocimiento de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Cada arepa tiene un contexto, una historia y una identidad propia que merece ser reconocida y preservada.
El proyecto de Rivera aspira a convertirse en un libro, un documental o una plataforma digital, con el fin de compartir este patrimonio con un público más amplio. De esta manera, no solo se protege la memoria culinaria, sino que también se fortalece el sentido de pertenencia y orgullo por lo propio.
En un mundo cada vez más globalizado, donde las tradiciones pueden perderse fácilmente, iniciativas como esta nos recuerdan la importancia de mirar hacia nuestras raíces. Colombia, país de arepas y tradición campesina, sigue viva en cada fogón, en cada receta y en cada historia que aún espera ser contada.








