Cuatro horas de viaje desde Bogotá bastan para cambiar de paisaje, de clima y de ritmo. Medina, en el oriente de Cundinamarca, recibe a los visitantes con temperaturas cálidas, música llanera, gastronomía tradicional y una riqueza natural que marca la identidad del municipio.
El trayecto desde la capital es una transición clara: se deja atrás el frío de la sabana y, kilómetro a kilómetro, el aire se vuelve más tibio y el paisaje cambia de montaña a llanura. Llegar a Medina es entrar a un municipio donde el clima cálido marca la cotidianidad y donde la cultura llanera se mezcla con la identidad cundinamarquesa.
Aquí la bienvenida no es protocolaria, es cultural. La música llanera acompaña la vida diaria, mientras la gastronomía habla de tradición. La mamona, las sopas típicas y otros platos hacen parte de una cocina que se mantiene en las familias, en los restaurantes y en las celebraciones locales.
Medina también se reconoce por su riqueza hídrica. El municipio cuenta con importantes fuentes de agua que alimentan ríos y quebradas, y que sostienen ecosistemas estratégicos para la región. Sus paisajes permiten caminatas, recorridos rurales y experiencias de contacto directo con la naturaleza.
Con sabor a llano, pero ubicado en Cundinamarca, Medina ofrece una combinación de cultura, gastronomía y naturaleza que invita a recorrer el territorio con calma y a descubrir un municipio que deja huella en quien lo visita.








