Geólogo señaló que, aunque Colombia cuenta con normas y sistemas de gestión del riesgo, persisten retos de prevención ciudadana y respuesta institucional.
El doblete sísmico registrado en Venezuela, con eventos de magnitudes 7,2 y 7,5, reabrió el debate sobre la preparación de Colombia frente a terremotos de alta magnitud y sus posibles efectos secundarios.
Durante una entrevista en El Dorado Radio, el ingeniero geólogo y especialista en evaluación del riesgo Modesto Portilla señaló que Colombia cuenta con mayores capacidades técnicas e institucionales que hace décadas, aunque aún enfrenta retos en prevención ciudadana y respuesta ante emergencias.
“Colombia sí está mejor preparada que hace 50 años. Hemos aprendido de los desastres que han ocurrido en el país”, afirmó Portilla.
El experto explicó que eventos como el terremoto de Armenia llevaron al país a revisar criterios de construcción, ingeniería sísmica y gestión del riesgo.
Sin embargo, precisó que un sismo de magnitud 7,2 o 7,5 puede generar afectaciones importantes incluso en territorios con edificaciones diseñadas bajo normas sismorresistentes.
Según indicó, el nivel de daño depende de factores como la magnitud, la profundidad, la cercanía al epicentro, las condiciones del suelo y la calidad de las construcciones.
Portilla advirtió que, en departamentos de geografía montañosa como Cundinamarca, el análisis del riesgo debe incluir posibles deslizamientos, caída de rocas, afectaciones en acueductos, daños en vías y aislamiento de comunidades.
El Servicio Geológico Colombiano advierte que buena parte de las zonas de amenaza sísmica alta e intermedia del país coinciden con áreas montañosas, donde también pueden presentarse movimientos en masa. (www2.sgc.gov.co)
El especialista recomendó participar en simulacros, identificar rutas de evacuación, definir puntos de encuentro familiares y mantener preparados elementos básicos para una emergencia.
También insistió en que las autoridades deben contar con planes de respuesta inmediata, especialmente durante las primeras horas posteriores a un terremoto.
“Lo material se recupera; las vidas no”, concluyó Portilla al reiterar que la prevención requiere trabajo permanente entre instituciones y ciudadanía.








