Un especialista consultado por El Dorado Radio advierte que aumentar la intensidad del ejercicio requiere conocer las condiciones individuales y que los dispositivos de monitoreo no sustituyen una valoración profesional.
En El Dorado Radio, Bryan Armando Castro, profesional en Cultura Física, Deporte y Recreación, explicó que afrontar esfuerzos elevados sin preparación progresiva exige conocer las condiciones individuales y que la tecnología sirve como apoyo, pero no sustituye la valoración profesional.
La muerte súbita asociada a la actividad deportiva es un evento poco frecuente, pero las causas cardiovasculares tienen un peso determinante. El estudio publicado en la Revista Española de Cardiología examinó 288 casos ocurridos en España entre 2010 y 2017, durante la práctica deportiva o hasta una hora después de finalizar. El análisis encontró una causa atribuible al corazón en el 98 % de los casos y estableció que el 96 % de las personas practicaba deporte de manera recreativa.
La investigación también identificó diferencias relacionadas con la edad. Entre los mayores de 35 años, la cardiopatía isquémica fue la causa más frecuente. En actividades como el ciclismo y la carrera, esta enfermedad estuvo presente en el 74 % y el 60 % de los casos estudiados, respectivamente. Los resultados no significan que estas disciplinas provoquen por sí mismas los fallecimientos
En Colombia, el panorama de mortalidad cardiovascular aporta otro elemento de contexto. Según cifras preliminares del DANE, las enfermedades isquémicas del corazón representaron el 17,2 % de las defunciones registradas durante 2025 y se mantuvieron como la primera causa de muerte, mientras las enfermedades cerebrovasculares representaron el 6,0 %. Estos datos corresponden a la población general y no específicamente a personas que realizaban actividad deportiva.
Durante El Tren de la Mañana, Castro señaló que una persona debe conocer sus condiciones individuales antes de incrementar la intensidad, duración o volumen del ejercicio. “Estas herramientas nos sirven como método de supervisión, pero jamás podemos reemplazar el diagnóstico y el concepto profesional”, afirmó al referirse al uso de relojes inteligentes, GPS y monitores de frecuencia cardíaca.
La tecnología permite registrar datos como frecuencia cardíaca, distancia, velocidad y número de pasos. Sin embargo, Castro explicó que estas mediciones deben acompañarse de la percepción del esfuerzo y de una planificación individual. Un dispositivo puede aportar información sobre el entrenamiento, pero sus registros no determinan por sí solos el estado de salud de quien realiza la actividad.
El estudio español aporta otro dato relacionado con la prevención: solo el 10 % de las personas fallecidas conocía previamente la enfermedad que posteriormente fue relacionada con la muerte, mientras que el 13 % había presentado síntomas como dolor en el pecho, palpitaciones o síncope. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de diferenciar entre el seguimiento de variables mediante tecnología y una valoración de las condiciones individuales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala, en un contexto más amplio, que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. El organismo estima que provocaron aproximadamente 19,8 millones de fallecimientos en 2022, cerca del 32 % de todas las muertes registradas globalmente.
Castro recomendó iniciar el ejercicio a partir del conocimiento de las condiciones individuales y avanzar mediante una planificación progresiva. La tecnología puede acompañar este proceso con información sobre diferentes variables, pero sus resultados deben interpretarse junto con las señales del cuerpo y el criterio de profesionales capacitados.








