En zona rural de Medina, predios privados funcionan como espacios de rescate de fauna silvestre. Una gran variedad de aves y otras especies reciben cuidado tras haber sido víctimas de cautiverio o condiciones inadecuadas.
En el municipio de Medina, Cundinamarca, algunos predios rurales han asumido un papel clave en la recuperación de fauna silvestre. Se trata de iniciativas impulsadas por particulares que han decidido destinar sus espacios al cuidado de animales que han sido rescatados de contextos de cautiverio, tráfico ilegal o abandono.
En la Ecofinca Villa María esa labor comenzó de manera informal, cuando habitantes de la región empezaron a dejar aves en los portones de la finca, principalmente loros, con la expectativa de que pudieran recibir atención adecuada. Con el tiempo, este gesto dio lugar a una práctica constante de acogida y cuidado, que hoy permite la permanencia de distintas especies en condiciones más cercanas a su entorno natural.
Entre los animales que han llegado se encuentran búhos, chulos, faisanes y pavos reales, cada uno con historias particulares. Algunos fueron entregados por personas que los mantenían como mascotas y otros llegaron en situaciones de riesgo. En estos espacios, los animales encuentran condiciones que priorizan su bienestar, con manejo responsable y respeto por sus dinámicas naturales.
Además del rescate, estos predios también conservan entornos de alta riqueza ecológica. Solamente en la Ecofinca Villa María se registran más de 100 especies de orquídeas y cerca de 40 especies de aves, lo que evidencia un ecosistema activo que favorece la permanencia de la biodiversidad.
Este tipo de experiencias refleja un cambio en la relación entre las comunidades rurales y la fauna silvestre. Más allá del cuidado de especies específicas, también se envía un mensaje sobre la importancia de evitar la tenencia ilegal de animales y reconocer el valor de los ecosistemas locales.
Medina se caracteriza por su clima cálido, la presencia de ríos cristalinos y formaciones rocosas que crean pozos naturales en medio de paisajes de gran riqueza visual. Sus amaneceres y atardeceres, propios del piedemonte llanero, tiñen el cielo de tonos intensos que hacen de este territorio un escenario singular dentro de Cundinamarca.
A esta identidad natural se suma una tradición ganadera arraigada y una gastronomía que resalta los sabores del llano, con preparaciones como las carnes asadas al estilo llanero. Este entorno, donde conviven cultura y naturaleza, configura un territorio propicio para iniciativas que promueven el respeto por la vida silvestre.








