Un estudio del Banco de la República sobre 40 cultivos encontró que los efectos sobre los precios mayoristas son mayores cuando el calor y la falta de lluvia se extienden por amplias regiones agrícolas.
El calor y la escasez de lluvias asociados con El Niño tienen mayor incidencia sobre los precios mayoristas de los alimentos cuando afectan simultáneamente varias zonas productoras de Colombia, según un estudio del Banco de la República.
Las alteraciones del clima pueden trasladarse a los precios de los alimentos de manera diferente dependiendo de su extensión geográfica. Cuando las condiciones adversas se concentran en determinadas zonas agrícolas, otras regiones productoras pueden contribuir a compensar la reducción de la oferta.
La situación cambia cuando las altas temperaturas, la escasez de lluvia u otras anomalías afectan simultáneamente extensas áreas productoras. En esos casos, según la investigación, disminuye la posibilidad de compensar la producción desde otras regiones y aumenta la incidencia sobre los precios mayoristas.
El estudio fue elaborado por Camilo Bohórquez-Peñuela, Leonardo Bonilla-Mejía, Anabelle Couleau y Alexánder Almeida y forma parte de la serie Borradores de Economía del Banco de la República.
Los investigadores analizaron 40 cultivos comercializados en 20 mercados mayoristas y cruzaron información sobre precios, redes de abastecimiento, temperatura y precipitaciones correspondiente al periodo 2015-2022.
La investigación encontró además diferencias entre los productos. La sensibilidad frente a las alteraciones climáticas está relacionada con características de la producción como el acceso a fuentes artificiales de agua e infraestructura de riego, electricidad, crédito y asistencia técnica.
Los resultados indican, por tanto, que las medidas para reducir la vulnerabilidad de la producción y la volatilidad de los precios deben considerar las características de cada cultivo y el tipo de amenaza climática que enfrenta.








