El equipo de la Universidad de La Sabana consiguió dos medallas de bronce en el Shell Eco-marathon 2026, competencia internacional de eficiencia energética.
La Universidad de La Sabana alcanzó por primera vez el podio del Shell Eco-marathon tanto en Indianápolis como en Río de Janeiro, con un vehículo eléctrico que registró 396 kilómetros por kilovatio-hora durante las competencias de 2026.
Julián Echeverry, líder del proyecto, y Sofía Vega, estudiante de Ingeniería Mecánica y piloto del vehículo, estuvieron en El Dorado Radio para explicar cómo se construyó el automóvil y qué hay detrás de este resultado. El Shell Eco-marathon busca que los vehículos recorran la mayor distancia posible utilizando la menor cantidad de energía.
Uno de los datos que permite dimensionar el rendimiento del prototipo es precisamente el registro de 396 km/kWh. Echeverry explicó que un vehículo eléctrico comercial puede estar alrededor de los 10 kilómetros por kilovatio-hora, mientras que el prototipo de La Sabana alcanza cerca de 400 kilómetros con la misma unidad de energía.
“Estamos hablando de casi 400 kilómetros con un kilovatio-hora. Es decir un gasto de 1.000 pesos”, explicó Echeverry al referirse al rendimiento alcanzado por el equipo.
Para llegar a esa cifra, el vehículo fue diseñado y construido desde cero. El proceso comienza con herramientas computacionales para definir sus características y continúa con la fabricación de un chasis ultraliviano de aluminio y una carrocería de fibra de carbono. Después vienen meses de trabajo y pruebas antes de llevarlo a la pista.
Sofía Vega ha participado directamente en la fabricación del vehículo y posteriormente asumió el reto de conducirlo. La conducción también exige una estrategia diferente, pues en esta competencia no gana quien llega primero, sino quien consigue administrar mejor la energía disponible.
“Detrás de cada decisión hay meses de trabajo de todo un equipo”, explicó Vega, quien contó que el vehículo tiene unas dimensiones particulares y obliga al piloto a adoptar una posición prácticamente acostada. La estudiante, además, llegó al proyecto sin experiencia previa en automovilismo y realizó numerosas jornadas de entrenamiento y pruebas antes de competir.
Los dos terceros lugares obtenidos en 2026 ya trazaron el siguiente objetivo: regresar a Indianápolis el próximo año con el mismo vehículo, optimizarlo y buscar mejorar el resultado. Para Echeverry, el proyecto también representa una oportunidad para llevar la investigación universitaria hacia aplicaciones relacionadas con la movilidad eléctrica y contribuir al desarrollo de esta tecnología en Colombia.
“La ingeniería no se queda solo en los cálculos, cobra sentido cuando ponemos todo este conocimiento a prueba y lo llevamos a algo práctico que tenga un impacto real”, finalizó Sofía Vega al hablar de lo que ha significado su experiencia en el proyecto.








