Más de 34 millones de colombianos utilizan Bre-B y el sistema ya supera 670 millones de transacciones por más de $105 billones.
En entrevista con El Dorado Radio, la educadora financiera Karen Suárez explicó que la consolidación de los pagos digitales está modificando los hábitos de consumo de los colombianos, al facilitar las compras y las transferencias inmediatas, pero también al generar nuevos desafíos en educación financiera, autocontrol del gasto e inclusión digital.
Colombia atraviesa una transformación acelerada en la manera como los ciudadanos utilizan el dinero. Las billeteras digitales, las transferencias inmediatas, los códigos QR, las tarjetas virtuales y plataformas como Bre-B han dejado de ser herramientas complementarias para convertirse en mecanismos de uso cotidiano tanto para consumidores como para comerciantes.
De acuerdo con la Encuesta de Servicios de Pago Electrónicos del Banco de la República, el 69,7 % de los adultos realiza transferencias dentro de una misma entidad financiera, mientras que el 41,5 % las utiliza más de tres veces por semana. En los micro y pequeños establecimientos comerciales la adopción también avanza: 84,9 % ya recibe pagos mediante transferencias electrónicas, reflejando un cambio progresivo en las dinámicas del comercio.
Durante la entrevista, Karen Suárez explicó que esta transformación no solo representa un cambio tecnológico, sino también un cambio en el comportamiento económico de las personas. Señaló que la rapidez de las plataformas digitales facilita las transacciones, mejora la seguridad al reducir el manejo de efectivo y permite administrar el dinero con mayor inmediatez.
Sin embargo, advirtió que la facilidad para comprar también modifica la percepción del gasto. Al desaparecer el intercambio físico del dinero, disminuye el llamado ‘dolor de pagar’, concepto utilizado en economía del comportamiento para explicar la sensación que produce desprenderse del efectivo y que tradicionalmente llevaba a reflexionar antes de realizar una compra.
“La tecnología eliminó la fricción para pagar; ahora nosotros tenemos que crear nuestras propias fricciones para no gastar de más”, explicó Karen Suárez durante la entrevista.
La especialista recomendó establecer presupuestos, utilizar tarjetas virtuales temporales para compras en línea y fijar límites de gasto que permitan mantener el control de las finanzas personales. A su juicio, la educación financiera resulta hoy tan importante como el acceso a la tecnología.
El crecimiento de Bre-B evidencia la velocidad de esta transformación. A seis meses de su entrada en operación, el sistema registra más de 34 millones de usuarios, 103 millones de llaves activas y más de 670 millones de operaciones, por un valor superior a $105 billones, cifras que muestran la rápida incorporación de los pagos digitales en actividades cotidianas de personas y pequeños negocios.
No obstante, Suárez señaló que el efectivo continuará desempeñando un papel importante, especialmente en zonas rurales y en sectores de la economía popular, donde persisten limitaciones de conectividad, acceso a dispositivos móviles y preferencias culturales por el dinero físico. En ese contexto, afirmó que el principal reto consiste en avanzar hacia una mayor inclusión financiera sin excluir a quienes aún dependen del efectivo para sus actividades diarias.








