La implementación de energías limpias y el control de emisiones reflejan ajustes en los procesos de la Empresa de Licores de Cundinamarca para reducir su impacto ambiental.
La Empresa de Licores de Cundinamarca (ELC) genera actualmente el 22 % de su consumo energético mediante un sistema de paneles solares, como parte de una estrategia orientada a reducir emisiones y optimizar el uso de recursos en su operación.
El sistema fotovoltaico, instalado en sus instalaciones, tiene una proyección de mitigación cercana a 1.794 toneladas de CO₂ durante su vida útil, lo que representa una reducción significativa en la huella de carbono asociada al consumo de energía convencional. Esta medida se complementa con el recambio progresivo de luminarias a tecnología LED y la implementación de prácticas de eficiencia energética en distintos procesos de producción.
En paralelo, la entidad desarrolló su inventario de gases de efecto invernadero bajo la norma NTC ISO 14064-1:2018, un instrumento técnico que le permite identificar, medir y gestionar las emisiones generadas por su actividad. Este análisis incluye variables como el consumo de energía eléctrica, combustibles, manejo de residuos y vertimientos, facilitando la toma de decisiones para su reducción.
Como parte de esta misma línea, la empresa ha incorporado acciones de economía circular enfocadas en la recuperación y aprovechamiento de materiales. Entre ellas se encuentran programas de reutilización de envases y estrategias para mejorar la gestión de residuos, en articulación con iniciativas sectoriales como RELIC.
Adicionalmente, la política ambiental de la ELC contempla el uso eficiente del agua, la prevención de la contaminación y la implementación de prácticas de producción más limpia, integradas a su sistema de gestión ambiental y a su operación diaria.
“Proteger el medio ambiente es un compromiso permanente que se construye desde cada proceso y cada decisión”, señaló el gerente de la entidad, Nicolás Forero Obregón.
ELC también realiza seguimiento a indicadores ambientales y mantiene procesos de mejora continua, con el objetivo de reducir progresivamente su impacto y cumplir con estándares técnicos de certificación.
Estas acciones se enmarcan en los compromisos departamentales de sostenibilidad y en la necesidad de incorporar prácticas responsables en el sector industrial, en un contexto donde la gestión ambiental cobra mayor relevancia en la operación de las entidades públicas.








