El conservador Asfura fue juramentado como presidente de Honduras ante el Congreso Nacional, donde anunció que enfrentará la inseguridad y fortalecerá la cooperación internacional para atender los desafíos económicos y sociales del país.
La ceremonia de investidura se realizó en la sede del Congreso, en Tegucigalpa, bajo un amplio dispositivo de seguridad y sin la presencia de jefes de Estado extranjeros.
Durante su discurso, Asfura aseguró que su prioridad será combatir la violencia asociada a las pandillas, uno de los principales problemas de Honduras, considerado uno de los países con mayores índices de criminalidad en Centroamérica. “Seguridad, de frente a luchar contra la inseguridad, no tengan duda de eso”, afirmó el nuevo mandatario tras recibir la banda presidencial.
Asfura llega al poder luego de cuatro años de un gobierno de izquierda y tras una elección cerrada, celebrada el 30 de noviembre, cuyo escrutinio se extendió por más de tres semanas.
El nuevo presidente deberá gobernar con un Congreso fragmentado, en el que su fuerza política cuenta con 49 de los 128 escaños, lo que lo obliga a negociar con otras bancadas para impulsar su agenda legislativa.
En el plano internacional, el presidente hondureño ha manifestado su intención de mantener una relación cercana con Estados Unidos. Su posesión consolida un nuevo aliado regional para el presidente Donald Trump, en un contexto de avance de gobiernos conservadores en varios países de América Latina. Antes de asumir el cargo, Asfura sostuvo reuniones en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio, y posteriormente visitó Israel.
Honduras enfrenta un complejo panorama económico y social. Según datos oficiales, cerca del 60 % de sus 11 millones de habitantes vive en condición de pobreza. Además, el país depende en gran medida de las remesas enviadas por aproximadamente dos millones de migrantes que residen en Estados Unidos, las cuales representan alrededor de un tercio del producto interno bruto.








