Deslizamientos, inundaciones y crecientes súbitas son los principales riesgos durante esta época en el departamento.
Las lluvias se intensificaron en varias provincias de Cundinamarca y con ellas aumentan los riesgos para las comunidades, especialmente en zonas rurales y corredores viales donde ya se han registrado emergencias en años anteriores.
Uno de los principales riesgos son los deslizamientos. Cambios en el terreno como grietas, inclinación de postes o árboles, o sonidos en la tierra pueden ser señales de alerta. En estos casos, la recomendación es salir del lugar y avisar a las autoridades locales.
Desde la Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Cundinamarca advierten que la prevención es clave en esta temporada: “es fundamental que la comunidad identifique señales de riesgo y reporte de manera oportuna cualquier situación que pueda generar una emergencia”.
Otro de los puntos críticos son las crecientes súbitas en ríos y quebradas. Estas pueden presentarse incluso sin lluvia en el sitio, por lo que se recomienda evitar ingresar a estos cuerpos de agua o permanecer cerca de sus orillas durante esta temporada.
En zonas urbanas, uno de los problemas más frecuentes es el taponamiento de alcantarillas. Botar basura en las calles puede generar inundaciones rápidas en barrios y vías principales. Mantener limpios los desagües es una de las medidas más efectivas para reducir este riesgo.
Las lluvias también afectan la movilidad. En vías del departamento es común la caída de material, derrumbes o pérdida de visibilidad. Por eso, se recomienda conducir con precaución, reducir la velocidad y evitar viajes durante tormentas fuertes.
La entidad también insiste en la preparación desde casa: “tener un plan familiar de emergencia y un kit básico puede marcar la diferencia en una situación de riesgo”, especialmente en municipios con antecedentes de afectaciones por lluvias.
La temporada de lluvias es recurrente en Cundinamarca, pero cada año deja emergencias que, en muchos casos, pueden prevenirse. La atención a las señales, el cuidado del entorno y la reacción oportuna siguen siendo las principales herramientas para proteger la vida.








