La estrategia arranca con la identificación de quienes viven del reciclaje, en un contexto donde crece la presión sobre rellenos sanitarios y persiste la informalidad en el sector.
En Cundinamarca se abrió una discusión de fondo sobre cómo se está manejando la basura en el territorio y quiénes sostienen, en la práctica, el reciclaje. El punto de partida es claro: no hay cifras precisas sobre cuántos recicladores trabajan en los municipios ni en qué condiciones lo hacen.
Para enfrentar ese vacío, se lanzó la estrategia RURO, que comenzará con un censo poblacional de recicladores de oficio, con el objetivo de integrarlos al sistema formal de aseo y mejorar sus condiciones de trabajo.
El anuncio se dio en un encuentro que reunió a autoridades, empresas de servicios públicos y recicladores, donde también se abordaron cambios en la normativa del sector, especialmente en lo relacionado con tarifas e incentivos económicos por aprovechamiento de residuos.
Hoy, gran parte del material reciclable que se recupera en el departamento depende del trabajo informal. Sin embargo, esa labor no siempre se traduce en ingresos estables ni en reconocimiento dentro del sistema.
En ese contexto, el secretario de Bienestar Verde, Diego Cárdenas Chala, explicó que el proceso busca ordenar el sector desde lo básico: “este es un espacio que compartimos con prestadores, empresas de servicios públicos y recicladores para entender la normativa, la estructura tarifaria y los incentivos que hoy existen”.
También insistió en que el objetivo no es solo técnico: “queremos avanzar en la organización y, sobre todo, en mejores condiciones para estas poblaciones en el territorio”.
El reto es grande. En varios municipios, los rellenos sanitarios están cada vez más cerca de su límite, mientras que la separación de residuos en la fuente sigue siendo baja. Esto hace que materiales aprovechables terminen enterrados, aumentando los costos del sistema y el impacto ambiental.
Además, el crecimiento urbano y el aumento en la generación de residuos han puesto presión sobre los esquemas actuales de recolección, que no siempre incluyen de forma efectiva a los recicladores.
Por eso, el censo no es un trámite menor. Definir quiénes hacen parte del sistema permitirá ajustar rutas, establecer pagos por aprovechamiento y diseñar políticas más realistas frente a la gestión de residuos.
Lo que está en juego no es solo la eficiencia del servicio de aseo. También es la posibilidad de que miles de personas que viven del reciclaje pasen de la informalidad a un modelo con mayores garantías.
Mientras avanza la implementación, el desafío será lograr que esa información se traduzca en cambios reales en los municipios, donde finalmente se juega el día a día del manejo de residuos.








