La jornada hace parte de una estrategia que ya ha llegado a ocho sedes educativas rurales con una inversión cercana a los $120 millones.
En la vereda Peña Negra, en Suesca, estudiantes, docentes, familias y funcionarios se reunieron para intervenir la sede de la Institución Educativa San Juan Bosco, un plantel rural que llevaba años sin mejoras en su infraestructura.
Durante la jornada se realizaron labores básicas pero urgentes: pintura de aulas, limpieza general y adecuación de espacios. Aunque no se trata de una obra de gran escala, el impacto es directo en la cotidianidad de los estudiantes, que ahora cuentan con un entorno más digno para sus clases.
La sede funciona bajo modalidad unitaria, es decir, una sola docente atiende todos los grados, una realidad común en zonas rurales donde la cobertura educativa enfrenta limitaciones estructurales. En este caso, el deterioro de las instalaciones ya empezaba a afectar las condiciones de aprendizaje.
La intervención en Suesca hace parte de una estrategia que ha llegado a otras zonas de Cundinamarca, como Pacho, San Cayetano, Guatavita, Yacopí, Medina y Paratebueno. En total, ocho sedes rurales han sido intervenidas, con recursos que superan los $120 millones destinados principalmente a materiales.
Más allá de la inversión, el modelo se apoya en el trabajo colectivo. En cada jornada, la comunidad participa activamente en las mejoras, lo que reduce costos y acelera las intervenciones, pero también refuerza el vínculo entre la escuela y su entorno.
Este tipo de acciones, aunque puntuales, evidencian una problemática más amplia: muchas instituciones rurales operan con infraestructura básica y mantenimiento limitado, lo que obliga a buscar soluciones rápidas mientras avanzan proyectos de mayor alcance.
En territorios donde la escuela es uno de los pocos espacios de encuentro, mejorar sus condiciones, impacta la educación y también la vida comunitaria.








