Donald Trump presentó en Davos la carta fundacional de su nuevo “Board of Peace”, con apoyo inicial de unos 19 países, aunque Estados europeos clave se mantienen al margen por temor a que compita con Naciones Unidas.
En el marco del Foro Económico Mundial celebrado este 22 de enero de 2026 en Davos, Suiza, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, oficializó la creación del “Board of Peace” o Consejo de Paz, una entidad internacional destinada a la resolución de conflictos y la reconstrucción en zonas de crisis como Gaza. La carta fundacional fue firmada por líderes o representantes de al menos 19 países, entre ellos Argentina, Bahréin, Marruecos y Pakistán.
Trump afirmó que el organismo trabajará “en conjunto con las Naciones Unidas” y podrá abordar retos globales más allá de su función inicial en los procesos de paz en Medio Oriente. Sin embargo, diplomáticos del bloque europeo y aliados tradicionales de Washington han expresado reservas o han decidido no sumarse a la iniciativa, citando riesgos de duplicar funciones de la ONU o de socavar el sistema multilateral existente.
El primer ministro de España, Pedro Sánchez, anunció que su país no participará en el Consejo de Paz, aludiendo a su compromiso con el multilateralismo, la ley internacional y el papel central de Naciones Unidas en la diplomacia global. Esta postura ha sido compartida por otras naciones europeas que han declinado unirse, incluyendo Francia y varios miembros de la Unión Europea, con la excepción de Hungría y Bulgaria.
La iniciativa plantea además requisitos de contribución económica para los miembros y una estructura de liderazgo dominada por Trump, lo que ha generado críticas sobre la concentración de poder y la transparencia del organismo. En un gesto que marcó la tensión, Estados Unidos retiró la invitación a Canadá tras cuestionamientos de la administración canadiense sobre el enfoque y relevancia del Consejo de Paz en el orden internacional.
A pesar de la falta de adhesión de aliados tradicionales, Trump y sus partidarios sostienen que el Consejo puede ofrecer una plataforma más ágil e eficaz para abordar crisis globales, particularmente en regiones en conflicto prolongado. No obstante, observadores internacionales advierten que la iniciativa podría fragmentar los esfuerzos diplomáticos existentes y reconfigurar la arquitectura de la cooperación para la paz si no se establece con claridad su relación con la ONU.








