La decisión se anunció luego de que Ecuador impusiera un gravamen del 30 % a productos colombianos, por una supuesta falta de cooperación en seguridad.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, defendió la suspensión de la venta de energía señalando que “les vendimos energía cuando necesitaban, pero ahora, como no necesitan, entonces están viendo quiénes se hacen más amigos del que más grita”, al tiempo que insistió en que la medida protege la soberanía energética nacional.
El mandatario también enfatizó la necesidad de “control absoluto en la frontera con Ecuador para impedir que entren insumos del fentanilo que vienen en contenedores de buques mercantes”, ordenando a las Fuerzas Militares intensificar los controles limítrofes.
El conflicto se desarrolla en medio de una relación económica intensa entre ambos países, siendo Ecuador uno de los principales compradores de exportaciones colombianas y dependiente de la energía que recibe desde el norte.
Colombia justificó la suspensión de energía como “una medida preventiva para garantizar el abastecimiento interno en el contexto de la variabilidad climática y la seguridad del sistema eléctrico”, y aseguró que las exportaciones se reanudarán cuando existan condiciones técnicas y comerciales adecuadas.
En paralelo, Bogotá impuso un arancel del 30 % a 20 productos ecuatorianos considerados afectados por las decisiones de Quito, en un gesto de reciprocidad ante el paquete de aranceles ecuatorianos catalogado por Colombia como “proporcional, transitorio y revisable”.
Desde Quito, la ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, respondió que Ecuador “prioriza su seguridad en fronteras, su balanza comercial, así como su seguridad energética” y advirtió que la tarifa de transporte del crudo colombiano por el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP) tendrá reciprocidad ante la suspensión energética.
La disputa comercial y diplomática ha generado inquietud en sectores productivos de los dos países, que advierten sobre posibles efectos en empleo, producción y estabilidad de precios si no se normaliza la cooperación.








