Estados Unidos eliminó una regulación destinada a reducir las emisiones de metano de las instalaciones de petróleo y gas, en un nuevo cambio de la administración de Donald Trump a las políticas ambientales adoptadas durante el Gobierno de Joe Biden.
La medida afecta controles aplicados a pozos, plantas de procesamiento y otros componentes de la industria de hidrocarburos.
La regulación buscaba evitar la emisión de aproximadamente 58 millones de toneladas de metano hasta 2038, además de reducir otros contaminantes relacionados con la producción de petróleo y gas.
El Gobierno de Trump sostiene que retirar estos requisitos disminuirá los costos para el sector energético y calcula un ahorro de unos US$45.000 millones. La cifra corresponde a una estimación sobre costos de cumplimiento de la regulación y no a dinero que recibirán directamente los consumidores.
El metano es el principal componente del gas natural y tiene una capacidad considerablemente mayor que el dióxido de carbono para retener calor en la atmósfera durante las primeras décadas posteriores a su emisión.
En las operaciones de petróleo y gas puede escapar mediante fugas, venteos y diferentes etapas de extracción, procesamiento y transporte. Parte de estas emisiones puede evitarse mediante la detección y reparación de fugas y la sustitución de equipos.
Las normas adoptadas durante la administración Biden establecieron controles para instalaciones nuevas y existentes como parte de su estrategia para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La administración Trump argumenta que estos requisitos elevaban los costos de producción. Organizaciones ambientalistas, en cambio, advierten que su eliminación permitirá mayores emisiones de metano.
La decisión tiene especial relevancia por el tamaño de la industria estadounidense de hidrocarburos. Estados Unidos es el mayor productor mundial de gas natural y se encuentra entre los principales productores de petróleo.








