El polvo mineral refleja parte de la radiación solar y también transportan nutrientes entre continentes.
La cantidad de polvo mineral presente en la atmósfera terrestre ha disminuido desde comienzos de este siglo, según un estudio basado en observaciones satelitales que advierte que el cambio puede tener efectos sobre el clima, las nubes y el transporte de nutrientes entre regiones del planeta.
El polvo atmosférico procede principalmente de desiertos y otras regiones áridas, desde donde los vientos pueden transportar pequeñas partículas a miles de kilómetros. El Sahara es una de las principales fuentes: parte del material levantado en África cruza regularmente el Atlántico y alcanza el Caribe y América del Sur.
Estas partículas también intervienen en el balance de energía del planeta. Parte del polvo refleja radiación solar hacia el espacio y produce un efecto de enfriamiento. Por esa razón, una disminución de determinadas partículas podría reducir parte de ese efecto y contribuir al calentamiento, aunque los científicos advierten que la relación depende de su tamaño, composición, altura y ubicación.
El polvo también interactúa con las nubes y transporta minerales. Partículas procedentes del Sahara, por ejemplo, llevan fósforo hacia la Amazonía, mientras otras depositan hierro y otros nutrientes sobre los océanos.
La disminución del polvo no tiene una causa única. Su presencia en la atmósfera depende de factores como los vientos, las precipitaciones, la humedad del suelo, la vegetación y los cambios en el uso de la tierra.
Aunque una menor concentración puede resultar favorable para la calidad del aire en algunas regiones, sus consecuencias climáticas y ecológicas son más complejas. Los investigadores estudian ahora cómo una reducción sostenida puede modificar el balance de radiación, las nubes y el transporte de nutrientes.








