El fuego puede desaparecer en horas, pero sus efectos pueden permanecer durante años sobre el suelo, la vegetación y las fuentes hídricas, según advierte la CAR.
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) advirtió que un incendio forestal no termina cuando las llamas son controladas y que la recuperación del área afectada puede requerir varios años de trabajo.
Según la autoridad ambiental, recuperar un bosque afectado por el fuego puede tardar entre 25 y 30 años, dependiendo del tipo de ecosistema, el nivel de afectación y las acciones de restauración que se realicen.
Durante un incendio, las altas temperaturas pueden destruir parte de la materia orgánica del suelo y los organismos que habitan en sus diferentes capas. Las cenizas también pueden modificar propiedades como el pH y la disponibilidad de nutrientes, de acuerdo con la CAR.
Uno de los principales efectos aparece cuando desaparece la cobertura vegetal que protege el suelo. Al quedar expuesto, el terreno puede presentar mayor erosión durante las lluvias, especialmente en zonas de pendiente.
“Cuando se pierde la cobertura vegetal, aumenta su exposición y, especialmente en zonas de pendiente, una lluvia fuerte puede desencadenar procesos de erosión y movilización de sedimentos”, explicó Alfred Ignacio Ballesteros, director general de la CAR Cundinamarca.
El material que se desprende del suelo puede terminar en quebradas, ríos y otras fuentes hídricas, lo que genera un efecto que va más allá del área directamente afectada por las llamas. La CAR explica esta cadena como un proceso que pasa por la pérdida de vegetación, la exposición del suelo, una menor capacidad de infiltración del agua, el aumento de la escorrentía, la erosión y la sedimentación de las fuentes hídricas.
La afectación también puede ser mayor en páramos, bosques andinos y ecosistemas de alta montaña, donde la recuperación de la vegetación y de las funciones ecológicas puede ser más lenta. Entre las especies que pueden resultar afectadas están frailejones, pajonales, matorrales altoandinos y árboles nativos como encenillos, robles, alisos, laureles, arrayanes, cucharos y gaques.
La CAR señaló que por esta razón el control de las llamas es solo una de las etapas de la atención de un incendio forestal. Después es necesario evaluar las condiciones del terreno y determinar si se requieren acciones de recuperación o restauración para favorecer la recuperación del ecosistema.
En Cundinamarca, el contexto de estos impactos se presenta en medio de una temporada con un número importante de emergencias. La CAR reportó cerca de 794 incendios forestales y de cobertura vegetal, con aproximadamente 2.887 hectáreas afectadas en 75 municipios del departamento.
La autoridad ambiental recordó que evitar un incendio también significa proteger el suelo, la vegetación y las fuentes de agua, cuyos procesos de recuperación pueden extenderse mucho más allá del momento en que se apaga el fuego.








