La ofensiva obligó a suspender operaciones aéreas en la capital rusa, provocó incendios en instalaciones estratégicas y elevó la tensión entre Moscú y Kiev.
Ucrania ejecutó el mayor ataque con drones contra la capital rusa desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022. Según autoridades rusas, cerca de 200 aeronaves no tripuladas fueron dirigidas hacia la región de Moscú, mientras las defensas antiaéreas intentaban contener la ofensiva.
El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que durante las últimas 24 horas fueron interceptados y destruidos alrededor de 1.000 drones y cuatro misiles de crucero en distintas regiones del país. Sin embargo, varios aparatos lograron alcanzar objetivos en los alrededores de Moscú, generando incendios y daños materiales.
Uno de los puntos afectados fue la refinería de Kapotnya, ubicada en el sureste de la capital rusa, donde se reportaron explosiones y una densa columna de humo visible desde diferentes sectores de la ciudad. También se registraron afectaciones en áreas residenciales y comerciales cercanas.
Las autoridades locales informaron que al menos 17 personas resultaron heridas en la región de Moscú. Adicionalmente, la emergencia obligó al cierre temporal de los cuatro principales aeropuertos de la capital, situación que provocó la cancelación o retraso de más de 500 vuelos, afectando a miles de pasajeros.
El gobierno ucraniano presentó la operación como una respuesta a los recientes bombardeos rusos contra Kyiv y otras ciudades del país. El presidente de Volodymyr Zelensky señaló que la ofensiva forma parte de una estrategia de “sanciones de largo alcance” destinada a trasladar parte de los costos de la guerra al territorio ruso.
“Si Ucrania arde, Moscú también arderá”, afirmó Zelensky al referirse a la operación, en medio de una escalada que ha intensificado los ataques de ambos bandos durante las últimas semanas.
Por su parte, el gobierno de Vladimir Putin calificó la ofensiva como un acto de provocación y anunció nuevas acciones militares contra objetivos ucranianos. Moscú aseguró que continuará reforzando sus sistemas de defensa aérea alrededor de la capital y de la infraestructura energética considerada estratégica.
El ataque confirma una evolución en la capacidad operativa de Ucrania para alcanzar objetivos ubicados a cientos de kilómetros del frente de combate y evidencia que la guerra continúa expandiendo su impacto más allá de las zonas tradicionalmente afectadas por los enfrentamientos.








