La siembra de especies nativas en 12 municipios busca recuperar coberturas vegetales en zonas donde la conservación del agua y los ecosistemas.
Desde 2024 y hasta la fecha, la Gobernación de Cundinamarca ha sembrado más de 3.180 árboles nativos como parte de las acciones orientadas a proteger fuentes hídricas, recuperar áreas afectadas y reducir riesgos asociados a incendios forestales, erosión y variabilidad climática.
La estrategia es liderada por la Unidad Administrativa Especial para la Gestión del Riesgo de Desastres de Cundinamarca (UAEGRD) y hace parte de las acciones de reducción del riesgo contempladas en el Plan de Desarrollo Departamental. Actualmente se desarrolla una nueva jornada de reforestación en la vereda El Molino, del municipio de Ubaque.
Las intervenciones se han realizado en Choachí, Cucunubá, Gachalá, Junín, San Antonio del Tequendama, Sutatausa, Chocontá, Tibirita, Fusagasugá, Zipaquirá y Sasaima, entre otros municipios, donde la recuperación de coberturas vegetales contribuye a la conservación del agua, la estabilización de suelos y la recuperación de ecosistemas.
“Invertir en prevención siempre será más efectivo que atender las consecuencias de una emergencia. Por eso realizamos jornadas de reforestación que contribuyen a la reducción del riesgo de desastres, protegen el recurso hídrico, recuperan áreas afectadas y fortalecen la adaptación de nuestros municipios frente al cambio climático”, afirmó William Eduardo Rozo Vargas, director de la UAEGRD.
Las jornadas cobran especial importancia ante los antecedentes recientes de incendios forestales registrados en el departamento. Solo durante 2025 se reportaron cerca de 215 incendios de cobertura vegetal que afectaron más de 1.135 hectáreas, mientras que en 2024 se presentaron emergencias de gran magnitud en municipios como Bojacá y Mosquera.
Las actividades incluyen la siembra de especies nativas seleccionadas de acuerdo con las características ambientales de cada territorio, entre ellas arrayán, roble, nogal, encenillo, aliso, guamo y cedro.
Estas especies ayudan a mejorar la infiltración del agua en el suelo, disminuir procesos erosivos y recuperar áreas estratégicas para la conservación ambiental, convirtiéndose en una herramienta clave para la prevención de riesgos asociados a fenómenos climáticos.
Las jornadas de reforestación contribuyen a la conservación de fuentes hídricas, la recuperación de áreas degradadas y la reducción de riesgos asociados a incendios forestales y procesos erosivos.








